Usos culinarios:
La tradición popular ha sabido encajarlas en cada estilo de cocina. Añadiendo calidad a los platos y realzando su sabor además de mejorar sus valores en dietética y nutrición. Utilizarlas es todo un placer si sabemos combinar la planta aromática que necesita cada plato.
Añaden un toque aromático y al igual que sucede con el aceite de oliva, respetan el alimento al que complementan. Aportan, además, un alto contenido en sales minerales y vitaminas cuando son frescas, por lo que a su características esencias aromáticas hay que sumarles importantes propiedades nutritivas y terapéuticas. Convierten un plato de arroz, verduras o ensalada en una nutritiva y apetitosa comida o ennoblecen una carne o pescado, haciéndolo más digestivo.
Se usan ampliamente para dar sabor a los aceites, vinagres, salsas y para la decoración de los platos. Muchos cocineros hacen sus presentaciones con hierbas frescas y mezclan unas y otras. La variedad y la cantidad depende del gusto individual y rara vez se miden.